Prologo de Ken Wilber y extractos del nuevo libro de Genpo Roshi

Este es el prologo de Ken Wilber para el nuevo libro de Genpo Roshi Big Mind, Big Heart. Finding your Way, que pronto publicará en castellano La Liebre de Marzo, con el titulo Gran Mente, Gran Corazón. Descubriendo tu Camino.

Lo diré lo más claramente que puedo: el proceso Big Mind, puesto a punto por el maestro zen Dennis Genpo Merzel es, con toda probabilidad, el descubrimiento más original e importante realizado, en los últimos dos años, dentro del ámbito del budismo. El proceso Big Mind es un camino sorprendentemente original, profundo y eficaz para llegar a despertar o, lo que es lo mismo, para desvelar nuestra Naturaleza Verdadera. Se trata de una práctica tan sencilla y universal que no sólo puede ser empleada por quienes sigan un camino espiritual, sea éste el que fuere, sino que también puede ser llevada a cabo, en sí misma, para realizar el Yo verdadero, al que también se conoce con los nombres de Dios, Alá, Jehová, Brahman, Tao, Ein Sof, etcétera. El nombre, a fin de cuentas, es lo menos importante, porque la esencia del proceso Big Mind es la Vacuidad misma que, al carecer de contenido concreto, lo abarca y lo integra todo.
Esta realización de nuestra Naturaleza Verdadera, de nuestra Realidad Última se denomina, en el zen, kensho o satori (que literalmente significa “ver nuestra Naturaleza Verdadera” o descubrir la Gran Mente y el Gran Corazón) y sé por experiencia propia que, para poder alcanzar un satori profundo, son necesarios muchos años de práctica extraordinariamente difícil.
Estoy plenamente convencido —porque lo he presenciado en repetidas ocasiones— que, durante el proceso Big Mind puede presentarse, como en el zen, un kensho, que nos permite atisbar súbitamente nuestra Naturaleza Verdadera que, una vez reconocida, puede ser visitada prácticamente en cualquier momento. Se trata, ni más ni menos, del descubrimiento de nuestro Yo Verdadero y Último, de la Realidad Última, del Fundamento de Todo Ser —llámenlo como quieran porque, una vez más, “llaman Muchos a lo que, en realidad, es Uno”. Es evidente que esta comprensión o kensho inicial, por más poderosa que sea, puede verse profundizada a través de la práctica continua y, en este sentido, Genpo nos proporciona también instrucciones sencillas para seguir profundizando ese despertar inicial a través de la meditación. ¡Despierta! ¡Estoy completamente seguro de que puedes hacerlo!
Pero Genpo no elaboró este proceso partiendo exclusivamente del budismo, sino que también incluyó algunos de los hallazgos esenciales de la psicología occidental —especialmente, el concepto de subpersonalidades y el llamado “diálogo de voces”— e integró de manera sorprendentemente novedosa lo mejor de Oriente (o, dicho de otro modo, lo mejor de las tradiciones contemplativas) con lo mejor de Occidente. De este modo, no sólo tuvo en cuenta la Realidad Infinita, sino también la realidad y los yoes finitos, ayudándonos a tornarnos conscientes de ellos y contribuyendo muy positivamente, de ese modo, a nuestra salud y a nuestra integridad. Lo más sorprendente, en mi opinión, es el modo sencillo y eficaz en que ha logrado integrar lo Infinito con los yoes finitos.
El proceso Big Mind trabaja con nuestra mente y con nuestros estados de conciencia tal y como son ahora mismo. Lo que quizás ignores, si nunca has experimentado un satori o un despertar es que, quien está leyendo esta página, es la Gran Mente, Dios o el Espíritu. Y eso es algo tan inmediato y evidente que resulta imposible de ver. Este libro es un simple manual que te explicará el modo de conectar con la Gran Mente y con el Gran Corazón, revelándote una dimensión de tu conciencia que ya está iluminada, un aspecto de tu ser que ya está completamente despierto y es uno con el Espíritu. Cuando descubras eso se desvelará, ante ti, un mundo completamente diferente.
Estoy convencido de que el libro que ahora tienes en tus manos abrirá el ojo de tu mente y te mostrará que, en este mismo instante —¡es decir, ahora mismo!— tu Yo Verdadero se halla total y completamente presente viendo a través de tus ojos, escuchando a través de tus oídos y sosteniendo este libro entre sus manos. Y eso siempre ha sido así, pero estaba demasiado cerca para poder verlo, era demasiado obvio para poder advertirlo y demasiado sencillo para poder creerlo. Éste es el extraordinario descubrimiento que te espera en este libro.
En el Integral Institute consideramos a este proceso tan profundo y eficaz que lo hemos convertido en una parte esencial de nuestros programas, seminarios y Práctica Vital Integral. Y, como creo que su eficacia se aproxima al 100%, casi me atrevo a prometerte que, cuando concluyas la lectura de este libro, te hallarás entre los iluminados aunque verás, ciertamente, con ojos de principiante.
Genpo no incluye a la psicología evolutiva en su integración de lo mejor de Oriente y lo mejor de Occidente por la sencilla razón de que, para emprender el proceso Big Mind, no importa el estadio del desarrollo en el que uno se encuentre. Este proceso funciona del mismo modo tanto si uno se encuentra en el estadio mágico, en el mítico, en el racional, en el pluralista, en integral o en el supraintegral . Es posible, pues, emprenderlo desde casi cualquier estadio y despertar a la Realidad Infinita y omnipresente de Todos los Seres que todo lo impregna (de nuevo aquí el hombre es lo que menos importa). Pero, si uno quiere, puede estudiar la relación que existe entre esos distintos estadios y la gran mente, porque Genpo Roshi es miembro fundador del Integral Spiritual Center y del Integral Institute y su contribución para acomodar los estadios de conciencia a los estados de conciencia ha sido, como explico en mi libro Espiritualidad Integral, esencial.
Pero para descubrir —quizás por vez primera pero no, por ello, menos asombrosa— tu Yo Verdadero, basta con empezar aquí, con este libro y con este sencillo y profundo proceso. En este libro aprenderás a integrar los yoes finitos y dualistas (“el escéptico”, “el controlador”, “la víctima”, “el yo herido”, “la ira”, “la mente que busca”, etcétera) con las múltiples manifestaciones del Yo Infinito y No dual (“la Gran Mente”, “el Gran Corazón”, “la compasión integrada femenino/masculina”, “el Gran Gozo”, “el ser humano plenamente integrado que funciona libremente”, etcétera). Lo que te aguarda tras la lectura de este libro, amigo mío, es el auténtico sabor de todo esto y me complace mucho poder invitarte a relajar tu mente, descansar en el presente y permitir que tu conciencia se libere, porque en modo alguno está encadenada y leas este libro o te sumerjas sencillamente en él dejando que sus palabras te atraviesen hasta que “tú” te conviertas en “Tú” —es decir, en tu Identidad más profunda, tu Naturaleza Verdadera, Infinita y Eterna. Este libro es, en realidad, un manual para despertar a ese Yo Soy que ya está mirando, ahora mismo, a través de sus ojos.
Añado mis propias bendiciones a las maravillosas palabras de despertar incluidas en este extraordinario libro y que su mérito sirva para que todos los seres sensibles puedan también despertar y descubrir quién y qué, realmente, son. En la Gran Mente, el sufrimiento no encuentra asidero al que agarrarse y tampoco caben el odio y la ira. Del Gran Corazón emergen, muy al contrario, una gratitud y una alegría inexplicables que danzan sin cesar en la claridad y el reconocimiento más profundos y asombrosos. La Gran Mente y el Gran Corazón es un manantial inagotable de alegría, felicidad, compasión y sabiduría despiertas que, originándose en lo más profundo de tu mente y de tu corazón, se vierte en el mundo como un torrente exuberante e incontrolable de resplandor, liberación, beatitud, luminosidad, celebración y gozo.
Mírame, amigo mío, y escucha muy atentamente, porque estoy hablándote completamente en serio: ¿No ha llegado ya para ti el momento de despertar? ¿No escuchas ya cómo los adalides de la sabiduría te sacuden diciéndote “¡Despierta, por favor! ¡Esto no es más que un sueño!”? ¿No es cierto que ya sabías esto? ¿No es cierto que, en lo más profundo de tu ser, puedes despertar? ¿No es eso precisamente lo que siempre has estado buscando? Ha llegado ya el momento de poner fin a la Gran Búsqueda. Mientras sigas buscando, anhelarás un momento futuro que sea mejor que éste. Pero lo cierto es que éste es el único momento que realmente importa ¿Por qué sigues huyendo de tu propio despertar?
Deja ya de buscar, date un respiro y empieza a leer este manual de Despertar al momento presente. Entonces dejarás de mirar finalmente hacia atrás. ¿No es cierto que, si entonces nos encontrásemos, nos reconoceríamos? Con un guiño en el ojo, esbozando una sonrisa en el rostro y un resplandor en el fondo de nuestro ser, tú y yo nos miraremos entonces a los ojos y veremos al uno y único Yo, a la Gran Mente y al Gran corazón y los días y noches de incesante búsqueda perderán súbitamente su significado angustiosamente doloroso.
Demos las gracias al roshi Dennis Genpo Merzel por haber descubierto un proceso tan sencillo y original para Despertar ahora mismo. Ante él me postro, ofreciendo los méritos a todos los seres sensibles y dejando en manos del lector, con mis bendiciones infinitas, este extraordinario libro.

Denver (Colorado)
febrero de 2007



Recogemos aquí extractos de su libro “Gran mente, Gran Corazón. Descubriendo tu Propio Camino”

El diálogo de voces

La técnica del diálogo de voces es un proceso que apunta a elevar el nivel de conciencia y la conciencia de uno mismo; se asienta en dos fundamentos básicos, la terapia junguiana y la terapia gestalt
Hal y Sidra Stone sabían bien que, dentro de cada uno de nosotros, hay muchas facetas y subpersonalidades diferentes; una visión que, en mi opinión, es muy junguiana. Pero esas subpersonalidades pueden acabar convirtiéndose en sombras que no reconocemos como propias. Hay aspectos de nosotros que, por el simple hecho de que nos desagradan o nos hacen sentir mal, acabamos repudiando; pero el hecho es que reprimir una determinada voz no implica su desaparición, sino tan sólo su rechazo, con lo cual acaba simplemente soterrándose y convirtiéndose en el agente oculto de una serie de “operaciones encubiertas” Los Stone se dieron cuenta de que lo que, en tal caso, uno tiene que hacer es restablecer el contacto con esas voces reprimidas, sacarlas a la luz con la ayuda de un facilitador que solicite hablar con ellas y nos permita, de ese modo, emprender un diálogo que las rescate del olvido. En este sentido, el diálogo de voces permite dar voz a las facetas reprimidas, sacarlas a la luz y reintegrarlas a nuestra propia vida.
El proceso Big Mind pone de relieve esas voces reprimidas, pero no se queda simplemente ahí. Existen ciertos aspectos de nuestro yo que, si bien son omnipresentes, siempre han permanecido aletargados. No se trata, en este sentido, de facetas que se hayan visto reprimidas y enajenadas de nuestro ser, porque lo cierto es que jamás las hemos poseído. A esas voces que siempre han estado ahí, pero que nunca han despertado como, por ejemplo, la Gran Mente —o como quiera que decidamos llamar a lo trascendente—, suelo denominarlas voces dormidas. Por ello el proceso Gran Mente apunta a despertar las voces o aspectos que, si bien están ahí, todavía no han despertado.

El zen

En el zen hablamos de la Barrera sin Puerta que separa el yo de lo trascendente. ¿Pero cómo podemos conseguir, por más que sepamos que se trata de una Barrera sin Puerta o, dicho en otras palabras, que no hay puerta ni barrera alguna que atravesar, que alguien pueda llegar a verlo así?

Ahí es, precisamente, donde entra en juego el proceso Big Mind. En lugar de tratar de llegar a algún lugar o de esforzarnos en convertirnos en algo, uno simplemente se descubre simplemente ahí, porque esa voz, al ser omnipresente, está siempre ahí. Sólo se nos antoja un misterio cuando ignoramos el modo de acceder a ella.
En el mismo instante en que trascendemos esto y eso, el yo y el otro, el mí y el tú, estamos ahí. Pero, por más omnipresente que sea, no siempre podemos acceder, porque habituados, como estamos, a buscar, esforzarnos y desear, nos hallamos atrapados en la visión del ego limitado. Pero nuestra verdadera naturaleza carece de fronteras porque, en ella, no hay yo, el yo no es más que un límite semejante a la tensión superficial que mantiene a una pompa de jabón.
Pero, en el mismo instante en que pedimos hablar con la Gran Mente, con el No-Yo o con la No-Mente, la burbuja estalla y nos descubrimos súbitamente fuera de ella, fuera de los límites del yo. Entonces nos damos cuenta de que la burbuja está llena de aire y de que el yo, en realidad, no es más que un concepto, una idea y, en última instancia, una mera ilusión.

Esto es, precisamente, lo que la tradición zen denomina atravesar la primera barrera. Entonces es cuando trascendemos la visión limitada que considera al yo como el centro del universo y, en consecuencia, a todo lo que le rodea como algo amenazante y peligroso. Arriesguémonos a atravesar esa barrera y dejaremos de vivir sumidos en el miedo, la ansiedad y la tensión y empezaremos a vivir como nos gusta, es decir, libres del miedo y despojados de todo encadenamiento y obstrucción, responsables de nuestras vidas y sin culpar a nada ni a nadie de las circunstancias en que vivimos.


Sin requisito ni preparación concreta alguna

Lo más sorprendente del proceso Big Mind en su gran accesibilidad, independientemente de la formación y experiencia de quienes lo emprenden. Y esa accesibilidad depende, en mi opinión, de la sinceridad con que pedimos permiso para hablar con lo trascendente.
Para emprender este proceso no se necesita creer nada especial, la única condición consiste simplemente en estar dispuesto a ello, en cuyo caso, no hay razón alguna que lo impida.

La vía de la no-búsqueda

En la mayoría de las tradiciones, son necesarios muchos años de búsqueda antes de poder dar el paso decisivo que nos lleva a reconocer el absurdo de la búsqueda, porque la misma búsqueda de la verdad o de la iluminación erige la barrera que nos impide alcanzar lo que estamos buscando.
El proceso Big Mind nos permite descubrir nuestro “punto muerto”, ese lugar en el que nuestra mente no tiene ninguna marcha puesta y no se halla desesperadamente inmersa en ninguna búsqueda. Desde ahí, podemos cambiar de marcha y poner primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reducir o poner marcha atrás cuando sea necesario. Ésa es una capacidad muy valiosa y que nos proporciona una libertad completa. Cuando, en tal caso, estemos en el supermercado, podremos apelar fácilmente a la modalidad deseante de nuestra mente y encontrar lo que estemos buscando pero, cuando estamos sentados en una parada de autobús o tumbados en una playa de Hawaii, podremos desconectar esa modalidad y reposar tranquilamente.
Ésa es una forma de meditación, conocida con el nombre de “simplemente sentarse”, en la que no hay ambición, meta ni objetivo alguno.
Es como si, en el momento en que das el primer paso de un viaje, apuntases en la dirección correcta. Entonces cuanto más larga sea tu práctica, más se encarnará en tu vida la paz y la libertad. En tal caso, la meditación trabajará en tu favor, en lugar de hacerlo en tu contra.
Por ello me parece muy importante que, cuando las personas aprenden a meditar —o tan pronto como sea posible, si es que ya han aprendido—, se den cuenta de que su único objetivo consiste en cambiar cuanto antes la modalidad buscadora habitual de la mente por la modalidad de la Gran Mente o del Gran Corazón, es decir, la Mente que no Busca ni Desea, la mente que no tiene objetivo ni meta alguna, porque entonces su sentada es mucho más profunda. Lo que, en tal caso, hacen es soltarse, dejar de identificarse con todo lo que se presenta, abrirse y seguir abriéndose para que la mente, en lugar de contraerse y estrecharse permanezca, por el contrario, completamente abierta y expandida.
El lector debe saber que una de las principales razones que me han impulsado a escribir este libro y a impartir esta enseñanza es la certeza de que, de ese modo, puedo ahorrar a la gente años y años de sufrimiento y esfuerzo en la dirección equivocada.

Cualquiera puede hacerlo

El proceso Big Mind funciona para cualquier persona, independientemente de que haya pensado o no en alcanzar la iluminación y del nivel de desarrollo en que se encuentre, porque se trata de un proceso que todo el mundo puede llevar a cabo con éxito.


En este sentido, el proceso Big Mind nos permite adentrarnos más profundamente en nuestro yo. ¿Pero, qué es lo que sucede cuando nos adentramos más profundamente en nuestro yo? Aprendemos sobre nuestro yo, el más profundo de los misterios. Nuestros ojos y nuestra mente están enfocados hacia el exterior, hacia las apariencias externas, pero nuestro punto ciego se halla detrás de los ojos y no nos damos cuenta de quién es el que está mirando, escuchando, pensando, conociendo y sintiendo. De él no sabemos absolutamente nada.


Ningún esfuerzo


Bien podríamos decir que el proceso Big Mind nos brinda la oportunidad de llevar a cabo una visita guiada a lo trascendente. El término que utiliza el zen para referirse a esta visión es el de kensho que, en japonés, significa literalmente “ver en nuestra propia naturaleza”, es decir, una experiencia de la iluminación, pero aun el kensho más profundo anterior al Daikensho (es decir, a la Gran Iluminación) es provisional, como la apertura momentánea del obturador de una cámara fotográfica. La experiencia de la Gran Mente, sin embargo, nos permite mantener abierto el obturador todo el tiempo que queramos. De ese modo, en lugar de tener un atisbo débil y momentáneo, como cuando prendemos, en una gran habitación a oscuras, una cerilla, que, al poco, acaba apagándose, el proceso Gran Mente nos permite mantener abierta la Gran Mente el tiempo que necesitemos para familiarizarnos con el territorio.



Cambiando de perspectiva

A través de este proceso nos damos cuenta de que en realidad, disponemos de un número infinito de perspectivas, pero actuamos como si sólo tuviésemos una y nos empeñamos en contemplar, desde ella, nuestro yo y la historia de nuestra vida. Pero ésa es una ilusión o, mejor dicho, una locura. ¿Cómo podría haber una sola perspectiva? A pesar de ello, no obstante, nos aferramos con uñas y dientes a esa visión y no dudamos en emprender, en su nombre, todo tipo de guerras. Cuando creemos que la perspectiva a la que tanto nos aferramos es la única correcta, no tenemos empacho alguno en desenterrar el hacha y emprender una guerra. Preferimos morir y tener razón a ser felices y estar equivocados, razón por la cual las relaciones interpersonales resultan tan conflictivas y son tantas las guerras que salpican el mundo. Esto es una auténtica locura.
Ésa fue, precisamente, la enseñanza fundamental impartida por el Buda, llamada el Óctuple Sendero, cuando dijo: “He descubierto la Visión Correcta”, que consiste en no tener ninguna visión concreta, es decir, en darse cuenta de que todas las visiones están limitadas y que ninguna visión particular es la única. Todas las visiones están limitadas, todas son fragmentarias y parciales. La visión verdadera es, de hecho, la no-visión.

El objetivo último: el funcionamiento integrado y libre

Habitualmente nos identificamos y aferramos a las cosas y a las personas. No somos libres ni funcionamos libremente, porque estamos atrapados. Ésta es una tendencia que el Buda observó y nombró. Según dijo, cuando nuestra mente está atrapada, estamos en duhkha (un término sánscrito que suele traducirse como sufrimiento). Sin embargo, el significado literal del término duhkha se refiere a una rueda cuyo cubo o eje no gira. ¿Pero para qué puede servir una rueda que no gira? ¿Para qué sirve una rueda que no puede moverse?
El Buda también descubrió y enseñó la forma de liberar la rueda para que pudiese girar de nuevo y la llamó suhkha, que literalmente significa “rueda que gira libremente”. Ése es, precisamente, el significado de la liberación y del nirvana.
Ser capaz de asumir diferentes perspectivas es como tener un automóvil que funciona perfectamente. Pero, si no podemos cambiar la marcha de nuestro coche, tendremos un coche que no funciona y poco importará, en tal caso, que se trate de un Maserati porque, independientemente de que la palanca esté atrapada en primera o en marcha atrás, de poco nos servirá. En el mismo instante, sin embargo, en que podemos cambiar de marcha, nuestro vehículo recupera toda su funcionalidad.
Lo mismo sucede con la mente, con el yo y con nuestra vida. Si estamos estancados, funcionamos mal, pero, cuando empezamos a movernos, nos convertimos en un vehículo completamente funcional.
Pero, aunque la Gran Mente sea el estado mismo de desidentificación, también podemos quedarnos identificados con esa perspectiva, algo que el zen denomina “quedarse atrapado en el Absoluto”. La experiencia de la Gran Mente es ajena a cualquier visión relativa o dualista pero, cuando nos quedamos atrapados en la perspectiva absoluta, o no dual, de la Gran Mente que carece de fronteras y actúa libremente y sin restricciones, nos atamos firmemente con una simple cuerda.
De hecho, resulta mucho más difícil desidentificarnos de lo no dual que de lo dual. Cuando las personas que han permanecido estancadas toda su vida en la postura dualista y sufriente alcanzan finalmente el dominio de lo no dual ajeno al sufrimiento, que es la Gran Mente, resulta muy difícil no identificarse con él. No es de extrañar que, cuanto más intensa sea la experiencia de la realidad no dual, mayor sea también nuestra identificación y nuestro apego. Pero también de eso debemos acabar desidentificándonos, algo a lo que se aplica perfectamente la expresión sánscrita Neti-Neti, que significa ni dos ni uno, es decir, aquello que trasciende las visiones dualista y no dualista, a lo que yo denomino lo “realmente trascendente” y a lo que sólo se accede cuando dejamos de estar atrapados en lo dual y en lo no dual. Sólo entonces somos realmente libres para movernos en cualquier dirección.
La sabiduría de todos los tiempos está en nuestro interior, dentro de cada uno de nosotros. De eso trata, precisamente, este libro: de conectar con esa sabiduría y transmitírsela al mundo. ¿Por qué debería seguir siendo el secreto de unos pocos? Creo que ya ha llegado el momento en el que todo el mundo pueda acceder a lo esotérico —quizás no a todo, pero sí a una gran parte—, porque me parece que estamos en una época en la que podemos derribar los muros del monasterio, romper todas las vallas y barreras que mantienen confinada esa sabiduría a un grupo limitado y selecto de personas y abrirlo a la conciencia del mundo.
La evolución ha llegado, en nuestra época, a un punto en el que todos tenemos que tornarnos conscientes. Vivimos tiempos revueltos en los que ya no hay posible vuelta atrás. Por ello estoy tratando de derribar los muros del monasterio, lo que nos permitirá advertir que el monasterio, la práctica y el templo espiritual es el mundo entero. Ésa es la empresa que nos compete a todos en esta vida y en este templo que carece de paredes.